La riqueza artística desarrollada durante la historia de la humanidad es diversa y compleja: enfocándose inicialmente en la creación de objetos pequeños que podemos encontrar en instancias arqueológicas o museos, ha llegado a edificios de tamaños monumentales cubiertos de vidrio.
Para poder moldear este material, se requieren de altas temperaturas y herramientas específicas, entre ellas, hornos que alcancen temperaturas de hasta 1500°C. Sin embargo, si nos enfocamos en la riqueza vidriera en México, tenemos que entenderlo como un material que no fue descubierto sino hasta la llegada de los españoles.
La primera fábrica dedicada a este material fue registrada en 1542 durante el mandato del virrey Antonio de Mendoza. Instalándose de manera inmediata en el territorio de la Nueva España, la producción de vidrio fue dirigida por españoles y criollos. Mientras, la población nativa tuvo un contacto mínimo con este material y siguieron utilizando el tradicional barro para sus alimentos y utensilios. Analizando este hecho no es difícil comprender que el surgimiento del vidrio mexicano no fue sino hasta después de la Independencia en 1821 y a finales de siglo, cuando la situación nacional permitió el desarrollo de este tipo de industrias y trabajos.
De esta manera durante finales del siglo XIX se empezaron a concebir nuevas maneras de trabajar el vidrio, mezclando las técnicas tradicionales europeas con nuevas ideas mexicanas. Varias fábricas se comenzaron a instalar en Jalisco, Puebla y la Ciudad de México, enfocándose principalmente en la técnica del vidrio soplado, capaz de darle al artesano toda la libertad para trabajar la forma de su obra.
El vidrio soplado, una técnica milenaria vuelve a ser protagonista en México, pues este tipo de manufactura requiere de elementos básicos del manejo de vidrio, principalmente una pipa de metal hueca para hacer el soplado. Las pinzas de diversos tamaños y estilos también dan la capacidad al artesano de moldear y cambiar el material.
Cuando los artesanos mexicanos dominaron la técnica del vidrio soplado comenzaron a desarrollar la decoración. Entre las técnicas de manufactura y decorativas más interesantes que se generaron y trabajaron en México durante este periodo y que hasta la fecha perduran, se encuentran el grabado pepiteado, el vidrio estirado, el vidrio azogado y el vidrio pintado con diversos materiales; entre ellos destaca el óleo con motivos florales que se hace en Puebla. Un ejemplo de esto son las esferas de Chignahuapan, famosas por su proceso de soplado y decorado y que son una tradición en fechas festivas como es la Navidad.
Las técnicas artesanales desarrolladas en México durante el siglo XIX y XX hicieron énfasis en la naturaleza y tradiciones mexicanas, alejándose de los conceptos europeos y buscando apropiarse de este material, creando una fusión cultural.
El grabado pepiteado, un ejemplo de la maestría de los artesanos que lo elaboran, sólo utiliza dos discos de aluminio para crear grabados de flora y fauna, los cuales como primera marca muestran un pequeño grano o ‘pepita’. Otra técnica de gran maestría es el vidrio estirado, el cual utiliza sopletes, moldeando animales y objetos de vidrio a temperaturas de 800°C de manera casi instantánea. Los toques finales se realizan con pinturas y se obtienen piezas con marcas de manufactura casi invisibles.
Desgraciadamente, durante la industrialización y creación de fábricas para la comercialización en masa de vidrio, varias de estas técnicas fueron abandonadas. Tras la Revolución Mexicana se promovió el uso de material originario de México y volvieron a resurgir estas técnicas. Instituciones culturales como el Museo de Arte Popular, El Museo del Vidrio en Monterrey y el Museo Dolores Olmedo entre otros, han buscado promover el vidrio mexicano y sus diferentes vertientes artesanales. Es importante hacer énfasis en el vidrio artesanal no solo como una vertiente cultural de los mexicanos, sino como una práctica artística sustentable, la cual en su mayoría es realizada con vidrio reciclado. Debido a esto, es un gran ejemplo de prácticas sostenibles utilizando los 4 pilares de la sustentabilidad (social, económico, medioambiental y cultural).
El uso del vidrio en nuestro día a día, seguirá aportando en todas sus vertientes riqueza a nuestra sociedad. Esta técnica milenaria, puede volver a reemplazar a los plásticos, y puede hacerlo preservando elementos culturales y sociales.
Apreciar y conocer nuestras posibilidades y nuestra herencia cultural a través de este material nos puede llevar a conocer inclusive más sobre esta fusión cultural que representa a la sociedad mexicana. La artesanía vidriera no es la única manera en la cual en México el vidrio ha creado obras de gran importancia. Un gran ejemplo que tenemos es el de los vitrales en México: durante finales del siglo XIX e inicios del XX, artistas como Jacques Grüber y Claudio Pellandini, trajeron a México proyectos que son icónicos, como el vitral Tiffany en el Gran Hotel de la Ciudad de México y el domo de cristal del Palacio Postal respectivamente. El telón de Bellas Artes es otra maravillosa obra que fue mandada a hacer por Porfirio Díaz para embellecer el edificio en su interior. A su vez, el uso artístico del vidrio siguió e impulsó la creación de arquitectura con diferentes corrientes. El vidrio ha sido uno de los materiales más importantes para nuestro desarrollo urbano.
Arquitectos como Pedro Ramírez Vázquez, Teodoro González de León, Ricardo Legorreta y en la actualidad Frida Escobedo muestran sus usos, e importancia en todos los ámbitos de nuestra vida. La riqueza mexicana vidriera, histórica, cultural y urbanística se mantiene latente en nuestra sociedad, siendo capaz de una infinidad de proezas dentro de las cuales, podemos comprender la creatividad mexicana y cómo su práctica y uso nos puede llevar en un futuro a vivir de una manera sustentable, creativa y única.


