Dentro del mundo de los perfumes existen diversas concentraciones entre las que se encuentran : eau de fraîche, eau de cologne y eau de toilette, por mencionar algunas. Estas “aguas” se diferencian entre sí gracias a la cantidad de aceite esencial que contienen. Sin embargo tienen una característica en común: son bastante delicadas y volátiles. La existencia de las “aguas” en la perfumería se remonta a varios siglos atrás, pero eran algo totalmente diferente a lo que conocemos hoy en día. A continuación conoceremos el origen de una de estas aguas, misma que causó revuelo debido a su aroma y propiedades.
Todo comenzó con Isabel Piast (1305 – 1380) quien se casó con el rey Carlos l de Hungría, convirtiéndose así en reina de este país. En aquella época el oficio del perfumista comenzaba a especializarse y consolidarse, por lo cual los perfumes elaborados eran sencillos, compuestos únicamente con materias primas naturales. De hecho, la creación de fragancias estaba un tanto relacionada con la alquimia por la experimentación que implicaba el mezclar diversos ingredientes entre sí, ocasionando descubrimientos en tanto el comportamiento de ciertos materiales.
Uno de estos descubrimientos sería propiciado por la reina Hungría en 1378, pues buscando un remedio que le ayudara con sus constantes dolores reumáticos le solicitó a un alquimista la elaboración de un remedio que le ayudara a contrarrestar las molestias. Fue así que crearon para ella el “ Agua de Hungría”, misma que tenía entre sus ingredientes principales romero, el cual posee propiedades antiinflamatorias y antioxidantes. Sin embargo, la clave del éxito de esta composición aromática fue el uso del aguardiente, siendo esta la primera vez que se utilizó una base alcohólica en un perfume.
El agua de Hungría fue bien recibida por la reina quien quedó maravillada con sus propiedades curativas, lo cual propició que el agua se popularizara, llegando incluso a decirse que la reina rejuveneció por usarla frecuentemente. Esta creencia popular cobró aún más relevancia debido a la longevidad de la monarca, quien vivió 75 años, algo poco común en la época. Fue así que esta agua pasó de ser un remedio para aliviar los dolores reumáticos, a un hito importante que cambió la historia del perfume, permitiendo evolucionar en la búsqueda y composición de nuevos aromas.